Himnotizados

cocu09MUSICA

Confieso, reconozco haber sido himnotizada, y tengo que decirlo todo, tú también lo has sido.

La maltrecha hipnosis en la que pocos creían, aquella con P de “profesional hipnotizador” o de Poe, quien le dedicó uno de los relatos más terroríficos que he leído, se ha disuelto en el desinterés de exponerse a hacer la gallina en público, dejar de fumar o ver a todos desnudos, y ha dejado en su lugar a otro tipo de alienación; el provocado por sustancias y situaciones hipnotizantes: una escena, una palabra, un nuevo gadget, un capricho, cosas que nos hacen perder el interés momentáneamente por todo lo que nos rodea, hasta que tenemos la suerte de que desaparezcan de delante.

La evolución de la hipnosis la ha llevado a convertirse en la himnosis.

Desarrollada por la capacidad de algunas grandes marcas de hipnotizarnos con sus mensajes, sus logos, sus lemas y sobre todo las canciones de sus anuncios; su himnos.

Aquí es donde aquella vieja y deteriorada palabra resucita trasmutada en algo con mucho más impacto sobre el género humano: La Himnosis.

Si contara las veces que me he sorprendido a mí misma en los últimos días cantando esta canción, no tendría dedos suficientes, ni siquiera contando con los de mi familia, vecinos y amigos. La canción de un grupo que ya no existe, que fueron en sí mismos himnotizadores de una generación que sacó del fondo del armario la parte de arriba del chándal, se dejó los puños de las camisas abiertos y colgando, se tapó los ojos con gafas de sol redondas para vestir como ellos y se dejó crecer el pelo con un flequillo mal cortado. Al menos una parte de esa generación, el resto, parte a parte hasta llegar a la generación completa, le dio las gracias cantando muchas de sus canciones y haciéndolas himnos naturales, antes que comerciales.

El caso es que llega ahora, años después de que el grupo haya dejado de cantar y componer, y aquella marca universal de refresco, la que vistió de rojo a Papá Noel y lo convirtió en un mito que , si se lo propusiera, haría que viéramos sexi a Amy Farrah Fowler y humanizado a Sheldon Cooper, llega esa marca y rescata de los armarios, además de las camisas viejas, el disco de esta canción y la convierte en himno de otra generación o de la misma, de un momento de lucha, lleno de frases creativas y de actividad pasiva, en el que para ser elegido personaje del año hay que salir a la calle indignado, con ganas de participar en todo lo que se anuncie o se transmita, vendiéndonos no sólo su refresco, si no también su modo de vida: Como siempre.

Y en un año que acaba (por fin) y que no deja pendiente nada que no lo estuviera ya, yo elijo este himno, por el que ya me había dejado atrapar hace tiempo, y me atrevo a decirle al año que viene, que si no puede portarse mejor que el amigo que se marcha, siempre nos quedará gritar esta canción, a pleno pulmón, aunque sólo sea para anunciar que, si nos lo proponemos, todavía podemos hacer lo que nos dé la gana.

 

 

Ahora que nadie me lee, porque todos están tarareando, aprovecharé para confesar una cosa que podría costarme el género, y es que, por más que insistíamos en que éramos más de Blur, a las chicas siempre nos gustaron los Oasis, Muchas veces fueron los celos de escucharlos nombrar más que a nuestros nombres, los que nos hicieron hablar como si hubiéramos querido renunciar a ellos.

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