La verdadera Carta para los Reyes Magos

Mono escribiendo a máquina

 

Hice un balance rápido del año que se iba y decidí, en un momento y sin pensar demasiado, que no había sido un buen año.

Quizás no empezó mal del todo, pero desde luego empeoró rápidamente a partir de marzo. Precisamente el mes en el que yo empiezo técnicamente el año (los meses de antes estoy en modo ahorro de energía) fue el que trajo peores movimientos y peores noticias. De febrero, que es un mes que nunca me ha sido simpático, este año sin embargo no tengo ninguna queja, pero mi queridísimo marzo…

En fin, que sin hacer propósitos ni nada, me encomendé el día 31 al nuevo año sugiriéndole que podría intentar ser algo mejor que su compañero. A lo largo de la tarde, se sucedieron las felicitaciones de todo el mundo; en los muros, en las redes, en mails y mensajes de texto. Todo el mundo parecía estar de acuerdo en que el año nuevo lo tenía fácil para salir algo mejor, y todos coincidían en querer que el viejo acabara ya de una vez.

Yo, que soy muy de romper lanzas y de equilibrar balanzas que se descuelgan descaradamente, hice otra rápida reflexión; quizás si le concediera unos minutos, el año no me parecería tan malo.

 

Enero; no recuerdo muy bien, pero seguro que pasé frío…

Febrero; conocí a mis compañeros de Ribarroja y pasamos muy buenos ratos ( y algunos también regulares, en los tres meses siguientes)

Marzo; no diré nada de este mes a riesgo de que sea imperdonable

Abril; vacaciones en casa

Mayo; Alumbramiento de la conciencia colectiva y ocupación de un espacio que nadie puede negarnos: la calle es nuestra.

Junio; social media, San Juan

Julio, es mi cumpleaños, nada que objetar.

Agosto; reencuentros después de muchos años…no recordaba que fuéramos todos tan guapos.

Septiembre: Malta…no puedo olvidarme de esa isla. Es recordarla y sonreír cerrando los ojos.

Octubre, noviembre y diciembre, lamentablemente han sido los peores meses y, si la primera impresión es la que queda, la última es la que se recuerda. Por eso el 2011 será recordado con algo de rencor (como yo a mi pequeño marzo) al menos durante los primeros meses de este año.

El caso es que tenía ya preparada la carta de los Reyes, y estaba dispuesta a publicar con ella una larga lista de cosas y de gadgets que no sé si me harán realmente falta, pero que me convertirían en bastante más materialista. En el último momento sin embargo, antes de darle al click y publicarla (después de haber añadido algo sobre la sonrisa de Simon Baker, el frontal de Hugh Jackman y el dorsal de Victor, metido todo en el mismo paquete) caigo en la cuenta de que así no se puede empezar un año; recordando lo malo del que se va y advirtiendo con el dedo extendido al que llega.

Mientras reflexiono sobre la necesidad de erradicar el rencor para que todo vaya mejor, leo dos frases muy buenas:

“La experiencia es una llama que alumbra quemando”

 

la otra, cuando pensaba que nadie podría superar a la anterior, la encuentro en el perfil de Nicolai:

 “Albert Camus escribió: Bendito el corazón que se puede doblar, porque nunca se romperá, pero yo me pregunto – si no se rompe, no se cura; si no se cura, no se aprende; y si no se aprende, no se lucha…porque la lucha es una parte de la vida…entonces, ¿se deben romper los corazones?”

 

He leído esta frase sin acentos, los he puesto yo porque en su teclado no hay, y me he quedado pensando en una nueva carta de reyes en la que dejar de lado lo material y pedir en cambio cosas que no podré sujetar y que a veces ni siquiera podré ver:

Que los que han estado cerca, estén más cerca

Que los que están lejos se acuerden de mí, aunque sea sólo un momento

Que nada pueda acabar con mi paciencia, que nada me haga enfadar y que, si algo lo consigue, no llegue nunca a ser un rencor que se instale en mi vida.

Pero sobre todo, le pido que me dé la sabiduría necesaria para comprender que nada de lo que pueda pasar este año será personal, que el año no tiene malas intenciones. Que en este momento es sólo un niño y que somos nosotros los que tenemos que enseñarle todo lo que queremos que sea de mayor, para que el sabor del último trimestre no sea amargo, ni siquiera si es verdad que se acaba el mundo.

Para acabar, quiero hacer mía otra frase sabia, robada de otro muro, esta vez del de Yolanda, que con muy buen criterio escribió en él:

 

 

Querido pasado, Gracias por las Lecciones ;)

Querido futuro: ALLÁ VOY!!! :)


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