De vez en cuando encuentro un personaje que me emociona, normalmente es una mujer aunque el motivo es fácil; al no haber tantas biografías femeninas, la sorpresa es mayor.
Me han emocionado tantas, que por no olvidarme de mencionar alguna no diré ninguna, sólo que esta es la más reciente: Vigdís Finnbogadóttir
Una valkiria islandesa, de la que vale la pena hablar ahora que el empuje mediático de la isla ha bajado, igual que bajó el humo negro de aquel volcán de nombre impronunciable y aquellas iniciativas que a ratos parecían romper con todo y sentar precedentes, y a ratos se quedaban en un murmullo.
A nivel mundial Vigdís ha participado en muchas cosas: Embajadora de buena voluntad de la UNESCO, presidenta de la Comisión Mundial para la Ética, el Conocimiento Científico y Tecnológico y miembro del Club de Madrid; una asociación sin ánimo de lucro formada por ex jefes de estado y de gobiernos democráticos.
Fue la primera mujer que llegó a la presidencia de un país a través de las urnas. La primera mujer soltera que consiguió adoptar una hija. Una política que pensaba en el desarrollo sostenible, en la cultura, en los derechos de la mujer, en la diversidad de las lenguas y en la educación. Por eso, tras aquellas declaraciones de su rival político durante la campaña, en las que quiso hacerle notar que no podía ser presidente no sólo por ser una mujer, si no por ser media mujer (aludiendo a que le faltaba un pecho tras haber sido operada de un cáncer) Vigdís salió a los medios para decir:
“De hecho no pretendo amamantar a Islandia, sólo liderarla”
Y así fue además de valkiria, amazona. Esa misma noche ganó las elecciones y fue reelegida varias veces, hasta que dejó de presentarse como candidata.
Aún así la parte de ella que más me gusta es la que desarrolló antes de dedicarse a la política y ser universal: su trabajo como directora de publicaciones del Teatro Nacional de Islandia, después como directora de teatro y por último la que la convierte a mis ojos en un humilde ser humano increíble y que demuestra que desde cualquier sitio se puede llegar lejos: la de guía de turismo.
Una profesión bonita por muchas cosas, mis preferidas: 
Lo que se comparte; lo que cuentas al grupo y lo que el grupo te cuenta a ti o te responde.
Por dónde; por lugares históricos, museos, fuentes, catedrales, plazas, jardines de palacios o simplemente jardines.
Cómo; paseando y charlando como buenos amigos, o acabar siéndolo si antes no lo éramos.







